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Frente a las nuevas exigencias juveniles, se percibe la dificultad que tiene las actuales instituciones para dar respuestas adecuadas a las demandas de educación y de educación de la fe. Se constata un progresivo alejamiento humano, cultural y religioso que hace difícil el verdadero diálogo y la comunicación entre el mundo de los adultos y el mundo de los jóvenes; un alejamiento humano, cultural y religioso que hace difícil el verdadero diálogo y la comunicación entre sus referentes fundamentales y los adultos. No obstante la substancial eficiencia en la organización de las estructuras y el compromiso activo de los educadores, se advierte una cierta impotencia antes esta nueva situación.
En esta sociedad compleja y pluralista asistimos al surgimiento de nuevos lugares o formas de educación de la juventud, que proponen modelos y crean estilos de vida que fascinan a las masas juveniles; piénsese en la escuela paralela de los medios de comunicación, en las agrupaciones entorno a los intereses musicales y deportivos, en el turismo, en las nuevas formas de compromiso social y eclesial, en el área vital del tiempo libre, nuevo lugar de identificación personal.
Una de las formas de presencia amplia y extensiva es el Movimiento Juvenil Salesiano (MJS).

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