UN MUNDO APROPIADO PARA LOS NIÑOS
Recuerdo bien esas palabras, llenas de inocencia infantil y sonrisa angelical, de aquel niño que dirigiéndose a su madre le preguntó: ¿Mamá, mamá…qué hay en el cielo? Su madre, tierna como sólo ella sabe serlo, mirando fijamente esos ojos brillantes que brincaban al son de su pequeño corazón, contestó con una ligera sonrisa dibujada en el rostro: ¿Ves ese azul intenso?, le señaló con el dedo.
Sí, asintió. Es el reflejo de los ojos azules de Dios; y tú, hijo, eres la niña de sus ojos. Él te protege cual águila cuida su nidada y te acaricia cual suave brisa que pasa por los jazmines y rosas en la tarde cálida de primavera…
Tú, hijo, con tus travesuras juguetonas, repletas de ingenuidad y ternura, eres la chispa de alegría de su Reino aquí en la tierra. Tu voz fina, hijo mío, cual canto armonioso de los pájaros, rebosa mi ser y llena mi vida…
Ella continuaba pintando a su hijo con palabras poéticas, pero yo iba cruzando poco a poco el umbral que me depositaría en la realidad social de nuestros niños.
Una realidad que con sólo ojearla, te atraviesa el corazón por el cruel atentado a los derechos humanos de nuestros niños.
Derechos que se encuentran explícitamente enunciados en la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobados en 1989 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Dicha Convención manifiesta que, los niños, al ser menores de edad y estar más indefensos, necesitan protección especial. Esta protección se cristaliza en el derecho a la vida, a poseer un nombre y nacionalidad; derecho a vivir con plenitud, libres de hambre, miseria, abandono y malos tratos; derecho a un ambiente seguro, a la educación, a tiempo de ocio y a la salud; derecho a la posibilidad de participar, a su nivel, en la vida social, económica y política de su país.
Lamentablemente, son estos derechos y otros más los que, día a día, se violan destruyendo la dignidad de nuestros niños…
¿Acaso no son ellos quienes correteando por nuestras coloridas plazas y parques de la ciudad, derraman ramalazos de sonrisas, que inundan de alegría a la Bolivia que los necesita?
Son ellos quienes nos roban una sonrisa y nos dan la fuerza para luchar por ellos y en ellos por el pueblo.
Luchemos y promovamos sus derechos y no sólo construiremos un mundo apropiado para nuestro niños, sino que forjaremos niños que tengan la capacidad de dirigir un país con corazón humano, fraterno, solidario y justo…
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